DISTURBINGCODES

DISTURBINGCODES

Visits

WELCOME

domingo, 22 de abril de 2012

Sergio Ojeda




"Todos caminaron. Pero pocos dejaron huellas"
José Narosky


"Fijar el flujo, permite volver sobre el flujo mismo, reconsiderarlo y, por lo mismo, criticarlo. Hoy es necesario fundar una nueva crítica"
Bernard Stiegler



Es curioso ser consciente de cómo la fascinación puede hallarse allí donde menos lo esperas. Llevo tiempo dando vueltas a un texto -éste- que, pretendía, fuese especial por motivos concretos que se resumen en un solo porqué. Querer huir de patrones puramente descriptivos para poder conquistar terrenos más metafóricos y sutiles, menos explícitos y previsibles.


En el intento de conseguirlo, imitaré la actuación de Sergio Ojeda (Madrid, 1976), en el papel de director de sus performances. Comenzaré atendiendo a mis apuntes escritos a mano, a los borradores y las fotografías que he ido compilando en formato electrónico, y a esos esquemas de pensamiento, primordiales para componer una base elemental sobre la que articular una reflexión abierta a metamorfosear.


Conforme la escritura vaya tomando cuerpo, estoy convencido de que la idea original se someterá a ciclos imprevisibles que no puedo conjeturar. Hasta este momento, todas las palabras están medidas. A partir de ahora, dejaré que el texto tome vida e ignoro si lograré expresar la sofisticación del trabajo de un artista cuya delicadeza ejecutora trasciende la desgarradora fuerza visual de su obra.





Un año después de que Sergio Ojeda iniciara su proyecto “Mártir”, el pasado mes de marzo presentó, vía web, el vídeo completo de su acción performática “Sangre, sudor y lágrimas”, una pieza que junto con “Paz, piedad y perdón” conforman un lenguaje que cuenta una historia brutal y ensoñadora, enmarcada en un universo paralelo y cercano al del accionismo vienés, transgresor y revolucionario. Ojeda cuestiona el poso que dejaron artistas como Günter Brus, Rudolf Schwarzkogler, Hermann Kitsch u Otto Mühl a través de su propuesta artística y nos pregunta (y se pregunta) si ese instinto de ruptura con el arte como contemplación sigue vivo o, por el contrario, continuamos inmersos en un mar de calma intelectual que no contribuye a hacer evolucionar el conocimiento a través del lenguaje que desprende el arte.


Dentro de Mártir se alude al manifiesto situacionista, se reivindica la destrucción de lo limitante, de los convencialismos, y se exhibe el cuerpo como un lienzo sobre el que arrojar el resultado de ceremonias inquietantes, oscuras no solo para los ojos sino también para la conciencia, violentas, no fáciles de tragar pero extremadamente complicadas de digerir. Prohibición, represión, castigo, transformación, sufrimiento, rabia, distorsión… Podría listar cientos de términos que ayudarían a plasmar lo que, visualmente, Ojeda nos muestra. Y, sin embargo, lo más perturbador, lo que me inquieta profundamente es que mi atención no se centra en lo representado, en la acción en sí, de la que formo parte como espectador, en la parte más “técnica” o teatral, sino en aquello que siento, veo o imagino de forma sesgada, velada y tenue.


Lo que hiere no es el puño, sino la fragilidad de la sombra proyectada en la pared de un ser arrodillado y desprotegido. Lo que duele no es pensar en la intrusión brutal de un cuerpo en otro, sino la dureza del suelo que los actores pisan, sobre el que conciben la dramática relación de poder. Lo que viola el límite no es la agresión, no son las heces, ni la sangre, ni la orina, sino la huella húmeda de una bota que se aleja del cuerpo lacerado. Ese cuerpo resistente al dolor y reducido a la mirada del público, que atestigua y analiza. El proceso ritual no se halla tanto en lo explícito como en la sombra siniestra de lo que no se ve, de lo que el espectador sospecha. La estética de la puesta en escena se reduce, así, a un elemento conductor que une lo que el artista emite con lo que el receptor percibe.


…Y lo que más me golpea es la perversión oculta e, insisto, sofisticada, con la que Ojeda me obliga a enfrentarme a una sátira transformadora y trágica, llena de símbolos y metáforas que agrietan y destruyen los cimientos de una cultura que no deja de ser puro teatro fuera de mi conciencia.





Texto: Javier Ubieta



4 comentarios:

  1. Que gusto da leer lo bien escrito...R.T.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por tu tiempo y esfuerzo... don´t know what to say... thanx, thanx, thanx......

    ResponderEliminar
  3. Ha sido un placer. ES un placer.
    Gracias a ti.

    ResponderEliminar