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viernes, 11 de noviembre de 2011

Intimidad Romero. Quien no ve más allá, es porque no quiere.




Todos conocemos a ufanos resabiados que defienden sus posturas, pretendiendo sentar cátedra, mirando al frente sin tener en cuenta cualquier otro norte que no sea aquel al que sus ojos ciegos apuntan. Lo peor no es la terquedad, sino la insufrible condescendencia perdonavidas – a veces convertida en una postura casi fascista-, que reposa en una pobre e inalterable sillita intelectual y ve pasar de largo, y sin prestar atención alguna, nuevas formas de expresión.

Lo mejor es que estos acontecimientos que, tangencialmente, nacen, crecen y se reproducen –algunos también mueren-, no hacen sino enriquecer un globo cada vez más nutrido de ideas y modernidad, en el que convergen acciones de toda índole y que aglutina, por mucho que algunos se empeñen en pincharlo, auténticos fenómenos sociológicos y corrientes culturales que alimentan la vanguardia.

En cuanto a la representación del arte, hace ya mucho que dejó el estatus de exclusiva museística y, sin embargo, la ubicación en la que el receptor percibe el concepto de “obra de arte” sigue siendo, precisamente, un museo, una galería de arte, un espacio físico –en definitiva- que nada tiene que ver con el lugar en el que la mente observa la experiencia on-line del arte virtual.





Cuando se aborda la dificultad del concepto de arte virtual, del concepto de arte en la red, tan arduo y complejo de explicar y, en ocasiones, de entender, aparece en escena Intimidad Romero que simplifica su posicionamiento frente a esa dificultad, tiñendo su manifestación artística, su acción, con un barniz de personalidad, novedad y –permitidme- disfrute, únicos. La artista continúa, fiel a su manifiesto, pixelando fotografías, retando al arte digital en la era 2.0 y repitiendo -en una sucesión de elementos idénticos pero absolutamente desiguales- su discurso con una coherencia y una tenacidad difíciles de conservar en el tiempo. Ella lo logra.

Como metástasis, una vez ubicada su acción en el escenario del arte virtual, la repercusión de ese “nuevo arte” que nos propone Intimidad Romero, se extiende y crece hasta cotas infinitas y, lo más importante, se reconoce como una filosofía en sí misma dentro de un proceso de transformación conceptual del verbo crear. Pixela lo que le viene en gana a través de un software informático determinado, anula su figura-persona-personaje y nos invita a imaginar, esparciéndose en los adimensionales territorios de la red, de forma inédita.




Lo que, en principio, pudo parecer una especie de “juego”, ha ido moldeándose a lo largo del tiempo hasta conseguir apabullar a expertos y a personas altamente instruidas en el mundo artístico-tecnológico que respaldan, con el mismo rigor que pasión, el acto de generosidad intelectual de la artista frente al público, con el conecta a través de sus respectivos hotspots. Ni más ni menos. Sin trampa ni cartón. Una comunicación a la que no estamos acostumbrados y que permite, a través del aire o del cable de red, llegar a una audiencia que puede ser inalcanzable de forma física, pero absolutamente cercana en el espacio virtual y en el tiempo.


Las visiones fantasmáticas que nos proporciona la impecable acción de Intimidad Romero fueron desde su inicio objeto de discusión y controversia, dos conceptos de los que nunca se ha escapado cualquier corriente artística que pueda calificarse de interesante. Imaginemos, pues, qué se esconde detrás de los píxeles y vayamos más allá de lo visible. Sumerjámonos en esa dimensión para la que ha sido concebida su obra, dejemos reparos aparte y disfrutemos de un nuevo modo de interacción y vida.




3 comentarios:

  1. Una vez más, gracias Javier por tu tiempo, tu dedicación y tus palabras.
    <3

    Intimidad Romero
    http://www.facebook.com/intimidadromero

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  2. Sin duda es una chica especial y más allá de eso, su proyecto es algo que, a caballo entre enigmático y sugerente, no deja duda de su naturaleza artística.-

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  3. Buenisimo el post!
    Intimidad es la caña.

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